REFLEXION DE LA SEMANA

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"….CÁNCER DE MAMA, TÓMATELO A PECHO, INFÓRMATE….”

domingo, 1 de julio de 2012

Las siete vidas de una sexoservidora



Las siete vidas de una sexoservidora
Humberto Ríos Navarrete

Han pasado casi 45 años desde que Lucy, a los 11 de edad, fue secuestrada en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, por individuos que la mantuvieron aislada en cuartuchos de La Merced, en el DF, donde sufrió violaciones y fue obligada a prostituirse por Lázaro El Zacatero, famoso explotador de mujeres, de cuyo dominio logró escapar tiempo después, debido a un descuido de sus vigías.

Lucy se propuso ayudar a sus compañeras para que no sufran injusticias. Y hubo una época en la que se ocupó de identificar cadáveres de mujeres asesinadas en hoteles. Pero su activismo solidario le ha costado demasiado caro, pues ha sufrido secuestros y golpizas por parte de presuntos policías y mafiosos.

Y aquí está Lucy.

Tiene 55 años y cinco hijos. Es una abuela de esbelta figura. Usa pantalones deportivos y zapatos tenis. No muy alta. Tez morena. Nariz recta. Ha sobrevivido en las calles. Chispas de humor saltan de su rostro.

—Cuarenta y cuatro años puteando —dice y sonríe— y sigo aquí. A los 11 me robaron tres padrotes culeros. Eran policías del DF. Mi abuela, en Neza, me mandaba a que ayudara en una panadería. Cuando salí me dijeron que subiera a una camioneta porque había problemas en mi casa. Después me bajaron en la calle de Rosario, en La Merced, y entré en unas cuevas.

—¿Cuevas?

—Eran hoyos. Había catres y velas. Era un putero de Lázaro El Zacatero. Me dieron a tomar unas pastillas. Quedé toda tonta. Me violaron las veces que quisieron. A los tres días me dio fiebre. Me llevaron con un médico, casi llegando a Correo Mayor, y me cosió lo que habían rasgado por la violación.

—¿Y qué dijo el médico?

—Que tenía que estar en un lugar higiénico. Me llevaron a un hotel que se llamaba Avión. Estuve tres meses. Me violaban. Me pusieron a trabajar. Tenía que hacer de 40 a 50 "ratos" —relaciones sexuales— al día. De las ocho a la una de la mañana.

—Muchísimas horas.

—Tenía que llorarle a los clientes para que ya no me penetraran. Algunos —pocos— se apiadaban. Afuera del hotel estaba la fila india. Yo era la más cotizada. Me vestían como muñeca. Hasta los 24 años. Pero a los 13 parí mi primer hijo.

—Y qué sintió tener un hijo?

—Alegría porque es algo tuyo, pero también tristeza, porque yo no quería traer hijos al mundo para que sufrieran igual que yo, y traumatizante. Pero aún embarazada tenía que trabajar.

—Terrible.

—Sí, y era tanta la vigilancia, que se ponían atrás de las cortinas para escuchar lo que yo decía.

Después de 26 años, relata Lucy, saltó la noticia de que en el mismo cuadrante de La Soledad, violaron a la dueña de una lonchería e incendiaron su carro con ella adentro. Entonces la policía hizo una redada y eso le benefició, pues logró escapar.

Pero la lucha siguió.

Y también el terror.

***

Dice Lucy que ha trabajado "de todo" —"de comerciante, de chacha y mesera"—, "pero no me ha dado resultado".

Después realizó una campaña para que se denunciaran las injusticias que ocurrían en la zona. "Muchas veces me quisieron callar y fui violada a los 38 años", recuerda Lucy.

Y retrocede en el tiempo.

En 1995, cuenta, estaba en la calle de San Pablo, a las 21:00, cuando cerca de ella se estacionó una camioneta de cuatro puertas. Bajaron tres individuos y la subieron a golpes. Adentro del vehículo sumaban siete. La golpearon. Fue imposible zafarse.

"Me dijeron que cerrara la boca porque me iban a dar en la madre", recuerda, "y es que por mí habían agarrado a 30 padrotes… Pero yo pensé: a mí no me iban a cerrar la boca".

—Y vuelven por usted.

—Sí, pero me golpearon más duro. Era de noche. Me patearon. Me humillaron con palabras hirientes, dolorosas. "¿No que muy verga?". Y me tiraron por Chalco, a la orilla de la carretera.

—¿Y cómo salió de ahí?

—Era de madrugada. Una persona se baja de su carro a orinar y escucha quejidos. Regresa con su familia y van a observar con una lámpara. Le hablan a una ambulancia, pero nunca llegó. Me ponen una camisa y me llevan a un hospital. Estaba destrozada de la cara. Sin sentido. Estuve hospitalizada tres meses.

—Y regresó.

—Tenía que trabajar. Pero me pusieron "un cuatro" y me cayó la policía al hotel. Me sacaron casi desnuda. Con los brazos hacia atrás. Un comerciante ofreció una playera para que me taparan, pero la rechazaron. Dijeron que yo tenía a menores secuestradas y me golpearon. Me llevaron al Reclusorio Norte. Yo estaba en malas condiciones. No escuchaba. Sentía que hablaba para adentro. Estuve tres días incomunicada.

—¿Y luego…?

—Pusieron a tres supuestas menores de edad para que declararan que yo las tenía trabajando. Pero me vieron tan mal que, ya en la ampliación de declaración, dijeron que las habían obligado a declarar en mi contra y que les habían ofrecido 5 mil pesos.

Y fue cuando conoce a Brigada Callejera, la organización que dirige Elvira Madrid, quien le ofreció ayuda, junto con unas monjas, que también se percatan del caso.

En Tepepan no la dejaron bien. Los médicos la desahuciaron. Meses antes la habían estafado en el hospital Guadalupe Tepeyac, en Indios Verdes, donde le cobraron más de medio millón de pesos, que solventaron sus hijos, quienes se endeudaron para pagar dicha cantidad. En el Rubén Leñero también le fue mal.

La mujer ya pesaba 20 kilos. Elvira logró que la auscultara otro médico, casi de manera clandestina, y dijo que podía sobrevivir, y la llevó al hospital de Nutrición, donde lanzó súplicas.

En 2001, después de poco más de un año, salió libre, pero ahora, en 2012, dice que la policía la "trae en la lista negra", "porque no nos quedamos calladas", por lo que debe trabajar de madrugada.

—En 35 años, ¿cuántos cadáveres ha visto?

—En la semana aparecían dos o tres cadáveres de sexoservidoras o sexoservidores. Llegué a identificar a varios.

—¿Y quién la comisionó?

—Mis güevos —dice y sonríe—, porque para identificar un cadáver, vestirlo y sepultarlo, se necesita valor. Había amarradas y violadas, picoteadas con puntas de cuchillos, y ahorcadas con pantimedias. En el hotel Tampico, en el San Marcos, en el ADO, en el Necaxa, el Madrid, Oviedo…

—¿Y cuál le ha impresionado más?

—Una que estaba embarazada. Le sujetaron los pies y las manos, como si fuera a parir, y extrajeron el producto de ocho meses. Fue en el hotel Arcadia. Sospechan que fue un médico. Muchas se van a la fosa común.

***

Lucy dice que las trabajadoras sexuales tienen taxistas a su servicio, ya que es arriesgado abordar carros particulares.

—Pero sí hay lenones.

—¡Claro! No sé por qué el gobierno se hace tonto —agrega— porque los padrotes no están de hoteleros. Los padrotes no andan con las chicas, que no tienes chance ni de ir a comer. De lo contrario las bañan con agua fría y las dejan que duerman desnudas en el piso.

—¿Y las autoridades?

—El gobierno se hace pendejo, porque saben cómo deben agarrar a los lenones, y si no, yo se los digo—reta Lucy.

—¿Y cómo?

—Que sigan a las menores de edad durante varios días, para que las ubiquen, sin equivocarse. Pero es desgastante hablar de lo mismo y ver las calles llenas de prostitución obligada.

—Oiga, pero…

—Sí, hay gente que trabaja por una familia qué sostener, y que también, si lo investigan, un día fueron obligadas.

Y sabe bien de lo que habla.


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Marino Navegante