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miércoles, 21 de abril de 2010

El manotazo de Nacho Coronel

Levantan Los Zetas a un hijo de Nacho Coronel

El manotazo de Nacho Coronel

Ismael Bojórquez / Cayetano Osuna

Lejos de amainar, la guerra entre los cárteles de la droga se agrava cada día. Los ejércitos criminales se fortalecen a pesar de las bajas que se causan entre sí y las que les producen las acciones del Gobierno. Una nueva fase de esta cruzada violenta —que cuenta durante los primeros tres años del Gobierno de Felipe Calderón más de 22 mil muertos—, asoma en el corredor del Pacífico, debido a que grupos rivales, presuntamente Zetas, levantaron a un hijo y un sobrino de Ignacio Coronel Villarreal, considerado por la PGR uno de los narcotraficantes más fuertes de México.

Todo empezó la madrugada del lunes 5 de abril, cuando alrededor de 30 sujetos armados y uniformados como si fueran agentes de la Policía Federal, irrumpieron violentamente en el lujoso complejo turístico Paradise Village, situado en Nuevo Vallarta, Nayarit. Dominaron a los guardias de turno y se dirigieron al 214 de los condominios Green Bays, donde convivían Luis Fernando Gurrola Coronado, ex dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Guadalajara (FEU) y cinco amigos más, dos hombres y tres mujeres.

Después trascendería que el objetivo de los gatilleros era el ex líder estudiantil, y que se llevaron a los otros dos jóvenes una vez que lograron identificarlos.

Pero uno de ellos, Alejandro Coronel, era hijo de Ignacio Coronel Villarreal, considerado por la DEA como el narcotraficante más importante de Jalisco y uno de los miembros prominentes del cártel de Sinaloa, por el que el Gobierno de los Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares.

Cuando llegaron al departamento, según testimonios recogidos por la Policía, los atacantes esposaron a Gurrola, lo sacaron al área del jardín que da al campo de golf y ahí le dieron más de una docena de disparos, incluyendo el llamado tiro de gracia.

Policías y elementos del Ejército Mexicano que llegaron al lugar después de irse los sicarios, confiscaron un Mustang 2010 color blanco sin placas de circulación, además de una camioneta Frontier color gris, placas de circulación JR 52727 del estado de Jalisco. Las tres mujeres fueron llevadas a las instalaciones de la 41 Zona Militar de Puerto Vallarta para ser interrogadas sobre los hechos.

De acuerdo con informes de la Policía, Gurrola también se hacía pasar por Francisco Javier Castro Martínez o Francisco Javier Cortez Martínez. Fue presidente de la Asociación de estudiantes de la Preparatoria Regional Jacobo Magaña y líder estudiantil de la Federación de Estudiantes Universitarios de la Universidad de Guadalajara campus Puerto Vallarta.

Versiones periodísticas relacionan a Gurrola con la balacera ocurrida en Tijuana, en el barrio de La Mesa, en enero de 2008, donde presuntamente fue detenido y posteriormente liberado.

El manotazo de Nacho Coronel

Unas horas después de que los sicarios dieron muerte al ex líder del FEU y se llevaron a los dos jóvenes, un comando de entre 50 y 60 hombres atacó la comunidad San José de Costilla, municipio de Xalisco, Nayarit, y dieron muerte a 12 personas, entre ellas una mujer. Ocho de los que ya habían sido ejecutados fueron quemados arriba de una camioneta.

Testigos dijeron que los sicarios cercaron una casa que se encuentra afuera del pueblo y comenzaron a dispararles a quienes estaban dentro hasta que los asesinaron; posteriormente doce cadáveres fueron llevados a una parcela, a ocho los colocaron en la parte posterior de una camioneta Cheyenne y les prendieron fuego; otros cuatro fueron dejados en el camino con impactos de bala y el tiro de gracia en el cráneo.

Entre los muertos estaba José Luis Estrada, el Pepino, un narcotraficante que trabajó para distintos grupos delictivos, incluso para el cartel de Sinaloa, pero actualmente laboraba para la organización delictiva de los Zetas. Fuentes policiacas conjeturaron que el Pepino fue el encargado de llevar a cabo la operación en contra del ex líder estudiantil y de los presuntos familiares de Coronel Villarreal.

Fuentes federales revelaron a la prensa jalisciense que en el departamento donde se encontraba el ex líder estudiantil estaban también dos familiares de Nacho Coronel, un hijo, Alejandro Coronel, y un sobrino, y que los hechos de San José Costilla podría ser la reacción de Coronel Villarreal.

Ninguna fuente oficial ha confirmado la muerte del hijo y del sobrino de Coronel, pero se presume que fueron asesinados por los Zetas.

Informes de la DEA cuando dieron a conocer la existencia de una recompensa de cinco millones de dólares, en julio de 2006 por la cabeza de Nacho Coronel, advertían que ante el creciente poder de este capo, incluso podría crear su propia organización. Han señalado también su incidencia en la producción de drogas sintéticas en gran escala y se mencionó como uno de los clientes del chino Shenli Ye Gon, al que le fueron decomisados 205 millones de dólares.

Ignacio Coronel, de 55 años de edad, nacido en Canelas, Durango, es el jefe de la plaza de Jalisco que ahora buscan controlar Los Zetas. Desde hace dos años, el FBI y la DEA lo consideran uno de los principales barones del narcotráfico en México, mientras la ciudad de Guadalajara es señalada como principal centro de operaciones, además de Morelia.

Según la DEA, desde que Coronel ha sido jefe de la plaza, Guadalajara se ha mantenido casi al margen de la violencia que vive el país, pues tanto en Jalisco como en Michoacán los cárteles de Sinaloa —que él representa— y de los Valencia, controlan el trasiego de drogas.

El Chaguín, otro eslabón

Todavía no están del todo claros los móviles reales del operativo instrumentado por las fuerzas federales donde Santiago Lizárraga Ibarra, el Chaguín, y su sobrino Paúl Enciso Lizárraga, murieron en el enfrentamiento armado, en la colonia San Juan, de Tepic, pero de acuerdo con versiones que circulan en los estados de Jalisco y Nayarit, la habría desencadenado la misma sed de venganza de Ignacio Coronel.

Las víctimas encontradas en las inmediaciones del poblado San José de Costilla, municipio de Xalisco, fueron identificadas como Ismael Castañeda Correa, de 36 años de edad, originario de San Pedro Analco Jalisco; Pedro Luis Palomares, de 19, alias el Perico, vecino de la sindicatura de Villa Unión, Mazatlán, Sinaloa; Francisco Javier López García, de 35. Originario y vecino de Tepic; José Luis Jaso Izar, de 31, también de Tepic; José Luis Estrada Martínez. el Pepino, de 38, originario de Ruiz, Nayarit; Óscar Arturo Flores Sánchez, alias el Flaco; Y Édgar Noé Gómez Contreras, alias el Mosco, de 23 años, entre otros.

Los investigadores federales con base en el estado de Nayarit, afirman que la muerte del Pepino y sus cómplices, fue porque este montó el operativo en Nuevo Vallarta y enseguida entregó a los muchachos plagiados al Chaguín, uno de los cuales luego aparecería con las manos cinchadas, torturado y muerto a tiros.

En esa hipótesis, el Chaguín habría entregado al muchacho que quedaba vivo a los Beltrán Leyva, supuestamente para que estos se encargaran de obtener información sobre la organización de Ignacio Nacho Coronel.

Pero además, asegura El Occidental, implementan la clásica modalidad de 'poner" a modo a sus enemigos, para que la Policía Federal Preventiva o el Ejército mexicano o la Armada de México, o todos ellos juntos se encarguen de combatir a Los Zetas y exterminarlos.

Lo anterior habría ocurrido el lunes 12 de abril, cuando el Chaguín y su gente fueron sitiados por el Ejército mexicano que todavía no se sabe si actuó motivado por un señalamiento directo o una llamada anónima, pero versiones extraoficiales aseguran que aunque el operativo es una acción evidentemente integrada a la lucha contra el narcotráfico, en realidad habría sido inducida de alguna manera desde el centro mismo de inteligencia del cártel de Sinaloa.

En el penal de Mazatlán, apenas se confirmó que el Chaguín había caído muerto en la balacera, junto con su sobrino Paúl Enciso Lizárraga, dependiendo de las filias o las fobias que uniera a los presos con los finados, era la expresión de contento o de pesar que se dibujaba en sus rostros.

"Aquí a los sicarios y puchadores vinculados con el extinto narcotraficante Chaguín, se les mira con el 'pico' caído, deprimidos, mientras que a los de la 'contra' se muestran sonrientes y contentos", dijo una fuente de Ríodoce.

"En enero, los seguidores del Chaguín escuchaban en sus estéreos modulares los corridos del finado, sobre todo aquel que decía que era originario de Potrerillos, San Marcos, pero ahora no se ha vuelto a oír nada".

Desde el 2008, cuando empezó la narcoguerra entre los grupos delictivos, en el sur de Sinaloa, de casi todos los asesinatos, secuestros, balaceras, decapitaciones, descuartizamientos humanos, muertos colgados en puentes, extorsiones, robos de vehículos, cadáveres mutilados y torturados, asesinatos de policías, masacres en discotecas e incendios de lotes de venta de carros usados y refaccionarias, se culpaba invariablemente a la gente del Chaguín.

De acuerdo a fuentes extraoficiales de la procuraduría de justicia, a Santiago Lizárraga se le seguían por lo menos 12 averiguaciones, la mayoría por delitos cometidos en el sur de Sinaloa, entre ellos las recientes decapitaciones en el municipio de Escuinapa.

Entre las averiguaciones de la Procuraduría de Justicia que involucran al Chaguín, se cuentan las siguientes: AP/2010, radicada en la Agencia de Homicidios Dolosos, por el asesinato del agente de la Policía Municipal, Elías Tinoco Cecilio, el 29 de enero de 2010, por la avenida Rafael Buelna, colonia Lomas del Mar.

Averiguación AP 44/2010 por el asesinato del agente Juan Guillermo Ponce de León, ocurrido el 2 de febrero de 2010 en la colonia Benito Juárez. AP 45/2010, por el homicidio del agente José Antonio Valenzuela Camacho, ocurrido en la colonia Ampliación Carranza el 7 de febrero de 2010.

También la AP 47/2010 por el asesinato de los agente de la Policía Municipal, Luis Fernando Barrientos Sánchez y Rocío Aurora González Prado, en hechos ocurridos en la avenida Camarón Sábalo y Calle Atún, en la Zona Dorada de Mazatlán.

La Procuraduría investiga también la relación de Santiago Lizárraga con cuatro averiguaciones previas de 2009, correspondientes a los crímenes de tres agentes policiacos más y dos civiles.

Con información de Milenio, El Occidental y El Universal.